EMBLEMA Y VOCABULARIO JESUITICO

IHS

ORIGEN: Este monograma se encuentra ya en los primeros siglos cristianos, y tiene su origen en la abreviatura griega del nombre de IHSOYS o IHCOYC, que, con la tilde de la abreviatura, era IHC. La abreviatura griega de Jesús (como la de Cristo, XPS) pasó a los manuscritos latinos, pero la sigma fue sustituida por la S, aunque se dejó la eta griega, por ser en mayúscula igual a la H latina. De donde resultó un IHS con tilde, abreviatura que provocó desde el siglo VI la errónea grafía de Ihesus. El olvido de todo este proceso ha dado origen en el pasado a diversas interpretaciones populares de su significado. La más conocida es la de “Iesus Hominum Salvator”, y también la de “In Hoc Signo”, prescindiendo de otras interpretaciones piadosas menos difundidas.

 

 

 

ICONOGRAFÍA: El monograma ha recibido diversos complementos iconográficos, de los cuales el más universal es el de la cruz. Cuando en la Edad Media se escribió en minúscula gótica, la tilde de la abreviatura se combinó con el asta de la h, de lo que resultaba una cruz. Cruz, que después se independizó sobre la H mayúscula, apoyada en su travesaño central, a veces con la imagen de Cristo crucificado, (o bien, sustituida por el Niño Jesús, etc.). También es muy corriente incluir el IHS en un sol radiante, o acompañarlo de un círculo de ángeles, o de ángeles en adoración al Nombre de Jesús. No es raro verlo en una corona de espinas, o con otros complementos iconográficos.

Ignacio de Loyola lo usó en su
Sigillum Praepositi Societatis Iesu, su sello generalizio, poniendo debajo del monograma una media luna entre dos estrellas, cuya interpretación es difícil. Se ha pensado en una representación simbólica, heráldica, del firmamento, en el sentido de “Nomen Iesu exaltatum super omnes caelos”, pero también podría ser una reminiscencia del sol y la luna que acompañaban a la escena del Calvario. Este diseño del IHS no se ha difundido fuera del citado sello, pero sí se ha beneficiado de la reiterada utilización del mismo en documentos y libros jesuíticos. Mucho más frecuente en la Compañía ha sido colocar debajo del monograma tres clavos unidos en sus puntas, que son los de la Pasión de Cristo. Giulio Negrone atribuye (1613) la adición de los clavos al mismo Ignacio, pero se puede dudar, pues de hecho el Fundador no los puso en su sello, y los tres clavos eran de uso universal. Lo que no quita la preferencia de los jesuitas por ellos.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El sello de lacre de Ignacio

 

 

A finales del siglo XVI y en el siglo XVII, decayendo en el XVIII, fue muy frecuente, especialmente en las portadas de los libros, añadir debajo un corazón, sobre el que se apoyaban, o bien se hincaban, los tres clavos. Aunque la adición del corazón no fue exclusiva de los jesuitas, éstos fueron, con mucho, los que más lo usaron con el IHS, y desde las primeras generaciones de la Compañía (Jerónimo Nadal, san Pedro Canisio, Pedro de Ribadeneira, Gregorio de Valencia, Francisco Suárez, Juan Maldonado, etc.).



DIFUSIÓN: Como abreviatura del nombre de Jesús, el IHS pasó de los manuscritos al título de la cruz en la Alta Edad Media. En la Baja Edad Media se independizó, gracias a la nueva devoción al nombre de Jesús. De modo que el monograma de Jesús vino a ser en los tiempos modernos lo que el monograma de Cristo (el crismón) en la Iglesia antigua. En la Edad Media lo divulgaron los dominicos y los Franciscanos, entre los que destacó San Bernardino de Siena (muerto en 1444), que lo propagó en sus sermones, por lo que se le representa con una tablilla con el IHS dentro de un círculo de rayos.



Pero su mayor difusión vino con la Compañía de Jesús, que, aunque nunca lo hizo escudo oficial suyo, lo tomó en la práctica como insignia y distintivo. Aparte del sello, ya mencionado, Ignacio encabezaba sus cartas desde los primeros tiempos con el nombre o la abreviatura de Jesús, que solía escribir con cuatro letras minúsculas, poniendo la cruz en el asta de la h. Por eso es muy frecuente representar a san Ignacio con un IHS, bien en el pecho, o en un estandarte, una custodia, etc. Juan A. de Polanco, secretario de Ignacio, cuenta cómo, en vida de Ignacio, se puso el nombre de Jesús en la puerta principal (1550) del colegio de Gandía (
Chronicon 2:96) y en la primera piedra (1553) del colegio de Barcelona (ib. 3:385). También se hizo muy frecuente en las portadas de los libros. Y en las puertas, en las paredes, en los altares, en las iglesias y las casas de la Orden, de Roma a Goa y de California al Paraguay, se ponía el monograma de Jesús, como un homenaje al que es cabeza y titular de la Compañía de Jesús.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 



El emblema de la Compañía en la portada


de la Iglesia San Pedro de Lima.

 

Tomado del artículo de G.M. VERD, en: O’NEILL S.J., Charles E. y DOMÍNGUEZ S.J., Joaquín Ma., Diccionario Histórico de la Compañía de Jesús, Universidad Pontificia Comillas, Madrid, 2001, T.2, p. 1992.


VOCABULARIO JESUÍTICO

COMPAÑÍA DE JESÚS: El término compañía era usual en las asociaciones religiosas de la época en que nace la Orden para referirse, principalmente, a la amistad entre sus miembros, en este caso a la amistad con Jesús. De este modo, los primeros compañeros quisieron explicitar la centralidad de Jesús en la espiritualidad de la naciente Compañía.

 

JESUITA: Este término, que data del siglo XV y se refiere a alguien que usa demasiado o se apropia del nombre de Jesús, nunca fue usado por Ignacio. Las Contituciones hablan de "los de la Compañía", y la Santa Sede, hasta hoy, siempre habló de "los religiosos de la Compañía de Jesús". El apelativo "jesuita" inicialmente les fue aplicado a los miembros de la Compañía de modo despectivo, pero con el paso del tiempo, y en parte por practicidad, fue incorporado benignamente por los miembros y amigos de la Compañía.



S.I. o S.J.: En latín es la abreviatura de Societatis Iesu -Compañía de Jesús. Puesto tras el nombre y apellido significa que tal miembro es perteneciente a la Compañía de Jesús.



A.M.D.G.: En latín es la abreviatura de Ad Maiorem Dei Gloriam, que significa "A mayor gloria de Dios". Éste se toma frecuentemente como el lema de la Compañía por el uso que Ignacio hace de él en su escritos, aunque, la expresión como tal, no se encuentra en ellos tantas veces como se piensa; pero sí con complementos y añadidos. En este sentido, dice Francisco Suárez que Ignacio lo repite al menos 177 veces en la Constituciones.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La relación conceptual ignaciana de gloria, servicio y honra de Dios puede encontrarse ya en los libros de caballerías que Íñigo de Loyola leyó probablemente en su juventud. Pero, sólo bastantes años después de su muerte aparece por primera vez impresa la abreviatura A.M.D.G. como el lema ignaciano de la Compañía de Jesús. En la edición de las Constituciones de 1606 aparece el lema íntegro, con la imagen de Ignacio. Los artistas han multiplicado las expresiones de este lema. Es usual verlo al lado de Ignacio, así como en inscripciones de diversos documentos y monumentos.



MAGIS: Palabra también latina que significa más, también frecuente en Ignacio de Loyola. El adjetivo mayor, constituyente del A.M.D.G., hay que relacionarlo con este más, propuesto ya como norma desde el Principio y fundamento de los Ejercicios y verdadera clave de la Espiritualidad Ignaciana. Dice el P. Jerónimo Nadal, gran conocedor de Ignacio y de las Constituciones: Si alguna vez lees en las Constituciones ad Dei gloriam simplemente, debes entender ad maiorem, porque esta fue la mente del P. Ignacio. El magis dinamiza el proyecto apostólico de la Compañía, el mayor servicio a Dios.



"EN TODO AMAR Y SERVIR": Frase correspondiente al número [233] de los Ejercicios. En cuanto el amor y el servicio provienen de la gracia de Dios, Ignacio incluye esta frase en la petición de la "Contemplación para alcanzar amor". Con el tiempo, la Compañía ha visto en estas palabras una de las expresiones más ricas de su carisma.

 

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